Carla Muñiz abordó el concepto de educación disruptiva como una respuesta creativa y estratégica frente a la virtualización acelerada del aprendizaje. Desde la experiencia peruana, mostró cómo estudiantes y docentes dejaron atrás modelos tradicionales para diseñar entornos más flexibles, participativos y centrados en el estudiante. Se compartieron casos de proyectos colaborativos, integración de herramientas digitales accesibles y estrategias que priorizaron el pensamiento crítico sobre la simple memorización. Carla también reflexionó sobre el rol emocional en el proceso educativo, señalando que la motivación, la empatía y la adaptabilidad fueron claves para sostener el vínculo pedagógico. Se identificaron prácticas como la gamificación, el aprendizaje basado en retos y la coevaluación como formas efectivas de mantener el interés y compromiso. Esta propuesta demostró que la educación no solo migró de espacio, sino que se transformó en fondo y forma cuando se pensó desde el propósito, no solo desde la herramienta.