Esta entrega abordó el proceso que siguieron las empresas dedicadas a la elaboración, envasado o comercialización de alimentos y bebidas de consumo humano para obtener el registro sanitario. Este documento fue otorgado por DIGESA y resultó obligatorio para colocar productos en el mercado nacional, garantizando su inocuidad y cumplimiento de normativas técnicas.
Se relató cómo los fabricantes agruparon productos con composición cualitativa similar —como jugos, néctares o conservas— para tramitar registros por grupo, optimizando recursos sin sacrificar la trazabilidad. Se utilizaron plataformas virtuales para presentar expedientes con etiquetas, fórmulas, fichas técnicas, certificados de BPM y autorizaciones municipales. Las micro y pequeñas empresas recibieron orientación técnica para reducir observaciones y acortar tiempos de respuesta.
Asimismo, se resaltaron errores comunes: inconsistencias en los ingredientes declarados, incumplimiento de requisitos de rotulado o uso de aditivos no permitidos. En esos casos, DIGESA observó el expediente y solicitó subsanaciones antes de emitir el registro final.
El contenido también reflejó cómo varios emprendimientos accedieron a nuevos mercados gracias al cumplimiento sanitario, incluyendo cadenas de supermercados, ferias internacionales y exportaciones a países que exigieron equivalencias regulatorias. El registro dejó de ser un trámite aislado y pasó a ser parte estratégica del crecimiento comercial y reputacional del negocio.