En el Perú, la disciplina laboral fue un componente esencial en la gestión de relaciones laborales, regulada por normas que aseguraron tanto el orden en el trabajo como la protección de los derechos del trabajador. Los aspectos legales vinculados a la disciplina se sustentaron principalmente en la Ley de Productividad y Competitividad Laboral y su reglamento.
La normativa estableció que los empleadores debían aplicar sanciones solo cuando existió una falta justificada, previa realización de un debido procedimiento. Este procedimiento exigió la comunicación escrita al trabajador, la oportunidad para que presentara sus descargos, y la proporcionalidad de la sanción en relación con la falta cometida.
Se aplicaron medidas como amonestaciones, suspensiones y, en casos graves, el despido. Sin embargo, cuando no se respetaron los procedimientos legales, muchas sanciones fueron declaradas nulas por la autoridad laboral o el Poder Judicial, lo que generó reinstalaciones laborales o indemnizaciones.
Uno de los retos más comunes fue la falta de documentación adecuada de las faltas laborales. Muchas empresas no lograron sustentar correctamente una infracción, lo que debilitó la validez de la sanción. Asimismo, se presentó confusión entre la falta leve, grave y reiterativa, lo cual afectó la correcta aplicación de medidas disciplinarias.
SUNAFIL y el Ministerio de Trabajo supervisaron estos procesos, protegiendo el derecho al debido proceso y asegurando que los empleadores no aplicaran sanciones arbitrarias. La disciplina laboral bien aplicada no solo previno conflictos, sino que fortaleció la confianza y el respeto dentro del entorno laboral.