Durante el último trimestre del 2022, cientos de empresas —grandes, medianas y pequeñas— se prepararon para cerrar su ejercicio contable y tributario. Este proceso implicó mucho más que cuadrar cifras: se trató de ordenar, verificar y declarar todo lo ejecutado durante el año para cumplir con lo que exigió SUNAT y otros entes reguladores.
Las áreas contables consolidaron estados financieros, ajustaron inventarios y compararon saldos entre libros físicos, electrónicos y registros bancarios. En paralelo, se regularizaron documentos pendientes, como facturas electrónicas omitidas, rectificaciones en declaraciones mensuales y provisiones mal registradas. También se ejecutaron cierres de contratos laborales, pago de beneficios sociales y conciliaciones de cuentas por pagar y cobrar.
En muchos casos, los responsables del cierre detectaron errores arrastrados de meses anteriores, los corrigieron a tiempo y realizaron provisiones estratégicas que permitieron mejorar la posición financiera al cierre del 31 de diciembre. Además, se tomaron decisiones clave sobre compensación de pérdidas, amortización de activos y uso de saldos a favor, con el objetivo de optimizar la carga fiscal.
El cierre del año 2022 no solo exigió orden documental y control contable, también representó un punto de análisis: muchas empresas aprovecharon la ocasión para evaluar su rentabilidad, revisar su estructura de costos y definir ajustes en su planificación para el 2023.