En la segunda etapa de fiscalización, la SUNAT incrementó sus esfuerzos para garantizar el cumplimiento tributario en el país. A través de auditorías especializadas y cruces de información con entidades bancarias, se identificaron irregularidades en las declaraciones fiscales de empresas y personas naturales.
Los fiscalizadores analizaron movimientos financieros, facturación y registros contables, comparándolos con las declaraciones presentadas ante la administración tributaria. En casos de discrepancias, los contribuyentes fueron notificados y se les otorgó un período para presentar documentación justificativa. Aquellos que no lograron demostrar la legalidad de sus ingresos enfrentaron sanciones que incluyeron multas y ajustes tributarios.
La SUNAT también promovió programas de regularización, ofreciendo facilidades para corregir errores en las declaraciones y evitar penalidades severas. Este enfoque permitió que los contribuyentes con intenciones de cumplimiento ajustaran sus registros sin mayores complicaciones.
La segunda fase de fiscalización no solo se enfocó en detectar evasión fiscal, sino en fomentar una cultura de responsabilidad tributaria, asegurando una recaudación efectiva y equitativa para el país.