La facturación electrónica y los libros electrónicos marcaron un cambio significativo en la administración tributaria peruana, facilitando el cumplimiento fiscal y optimizando los procesos contables de empresas y profesionales. Con el avance de las regulaciones, muchas compañías adoptaron estos sistemas para reducir errores, agilizar trámites y mejorar la relación con la SUNAT. En sus primeros años de implementación, algunos negocios enfrentaron dificultades al adaptarse a la digitalización, especialmente aquellos sin experiencia en plataformas tecnológicas. Sin embargo, con el tiempo, la automatización de facturas y registros contables permitió una mayor eficiencia en la gestión financiera. La facturación electrónica reemplazó progresivamente el uso de documentos físicos, reduciendo costos operativos y mejorando el control tributario. A su vez, los libros electrónicos simplificaron la presentación de información contable ante la administración pública, evitando errores comunes en la declaración de impuestos. El gobierno impulsó incentivos y capacitaciones para facilitar la transición, promoviendo la adopción de estos sistemas en pequeños negocios. A pesar de algunos retos iniciales, la digitalización fortaleció la supervisión fiscal y mejoró la recaudación tributaria, convirtiéndose en una herramienta clave para el desarrollo económico formal.